EL AÑO NUEVO ANDINO
Los antiguos indígenas agricultores del altiplano andino, se regían por la observación de diversos fenómenos astronómicos para guiarse en los momentos que debían iniciar las diversas faenas agrícolas y ganaderas, como siembras, cosechas o esquilas. Aunque ubicados en la región tropical de Sudamérica, donde las estaciones son menos notorias que para los habitantes de Europa, también existe aquí épocas bien diversificadas, que no coinciden completamente con las estaciones del resto del continente.
Es así como el momento en que el Sol llega a su punto más bajo en el horizonte del norte, el Solsticio de Junio, cuando los rayos del Sol bañan con su máxima inclinación las regiones del hemisferio sur de la Tierra, corresponde aquí a la culminación del Invierno, que en esta región es una época seca y de bajas temperaturas.
Este es el momento elegido para la celebración del Año Nuevo Andino, que "marca el fin de una temporada de cosecha y el inicio de una nueva época de siembra".
En el sitio
Bolivia.com el etnólogo Angel Yujra explicó que: "En los meses de mayo y junio termina la fase de cosecha o choquellamallu. El 3 de mayo se hace un agradecimiento al Pusi Wara o Cruz del Sur, que rige el calendario andino".
Amautas o chamanes aymaras interpretan el futuro alrededor de una fogata en Tiwanaku, el año 2002: afirmaron que llegó con el augurio de una buena cosecha.
"En junio descansa la tierra. Y el 21 de junio es cuando más se aleja el sol. Los amautas han encontrado el punto clave para que retorne el reordenamiento de la tierra. Originalmente es el marat'aqa, o el agradecimiento al sol y la Pachamama por las cosechas. A partir de ese momento se inicia la nueva siembra. Es el sol que debe dar energía para una buena cosecha".
"Se realiza una ceremonia para agradecer a la Madre Tierra de todo lo que hemos recibido este año. La tierra nos provee como una madre y tenemos que pagar", comentó para
Bolivia.com el amauta Lucas Choque.
Más sobre los rituales del Año Nuevo Andino.
Los amautas son los chamanes aymaras, encargados de mantener las tradiciones de este pueblo y realizar sanaciones físicas y espirituales.
TIWANAKU
Esta fue una antigua ciudad sagrada indígena sudamericana, tal vez la más importante del cono sur de América. Aunque se conoce poco de su historia, se supone que fue asiento de un imperio que se extendió por el altiplano y el desierto de Atacama.
Los 21 de Junio se realizan aquí coloridas ceremonias indígenas que recuerdan un pasado lleno de esplendor. "Ese día los rayos del Sol al amanecer penetran por la puerta del templo Kalasasaya e iluminan al magnífico Monolito de Ponce".
("El Kalasasaya. Es un templo construido con grandes piedras de cinco metros de altura. Este centro ceremonial mide 126 metros de largo por 117 de ancho. En su interior existe un gran patio rectangular hundido (templo subterráneo) al que se desciende por una escalinata labrada en una sola roca de seis peldaños.")
Sin embargo no está claro si estas celebraciones se realizaban de la misma forma en la antigüedad. El sociólogo y antropólogo Esteban Ticona Alejo, profesor de la Universidad Mayor de San Andrés de Bolivia afirma que: "Desde 1990 han surgido otras tradiciones nuevas, como la celebración del Mara T'aqa -o Año Nuevo Aymara- cada 21 de junio en las ruinas de Wanqani del ayllu Qhunqhu. Esta tradición fue introducida primero en Tiwanaku y, de ahí, se ha expandido a otros lugares, más allá del altiplano incluso en ciudades como La Paz, El Alto, Oruro o Cochabamba".
Más sobre TIWANAKU.
La Fiesta de Mara T'aqa (o Año Nuevo Aymara).
(21 Junio, 2006 La Tercera - CA) La nación aymara, que habita Bolivia, Chile y Perú, celebró hoy el inicio del año 5 514 de su calendario, con ritos ancestrales en Tiwanaku, 70 kilómetros al norte de La Paz.
Amautas aymaras, reciben el Sol en Tiwanaku. ANSA.
El año nuevo (machaq mara, en idioma aymara) coincide con el solsticio de invierno, que los "amautas" (chamanes andinos) recibieron esta madrugada en Tiwanaku, el lugar en el que se alzan los restos arqueológicos más importantes de su imperio.
Los antiguos tiwanacotas erigieron allí hace unos mil años, sus impresionantes monumentos orientados hacia los puntos de salida del sol y de la luna, en base a complicados cálculos astronómicos, para regir sus ceremonias según los movimientos astrales. Los escultores de esa cultura crearon la Puerta del Sol en honor al dios Inti.
En el solsticio de invierno, sus primeros rayos aparecen justo por el centro de la puerta en cuyo friso, según los estudiosos de la cultura aymara, se encuentra un calendario que marca los dos solsticios y los dos equinoccios astronómicos.
Aunque el pueblo aymara, conformado por 1.600.000 personas, representa sólo 20% de la población de Bolivia, la llegada de su año nuevo también es festejado por las naciones quéchua (2,5 millones de habitantes) y los otros pueblos originarios que habitan en ese país.
En Tiwanaku, el año pasado, unas 30.000 personas presenciaron las distintas fases de la ceremonia que precede a la salida del sol y marca el inicio del año nuevo en los templos Kalasasaya (del sol), Akapana (de conexión con el universo), Kolla Kaman Uta (conexión con la madre tierra) y Pumapunku (de los hombres-puma).