El 20 de julio de 1976, bajaba en la planicie de Cryse de Marte, por medio de paracaídas y retrocohetes el Módulo de Descenso Viking 1 de la NASA, mientras su nave madre, el Módulo Orbital Viking 1, entraba en órbita del planeta. Este fue el primer descenso suave realizado en Marte y la primera vez que los científicos estadounidenses hacían descender suavemente una nave en otro planeta.
Poco después le seguía la Viking 2, un duplicado de la primera, también con una nave orbital de observación y una de descenso. Esta misión, pertenece a la época de oro de la investigación espacial, donde con inmensos presupuestos los científicos parecían hacer lo que querían. Las Viking costaron a los norteamericanos casi 7 mil millones de dólares, e involucraron a cientos de ingenieros y científicos, entre ellos personalidades como Gerard Soffen y Carl Sagan.
Parece descabellado si los comparamos con los modestos presupuestos actuales, donde una misión como la Pathfinder no pasó de 200 millones de dólares. Era otro el estilo y la forma de enfrentarlos, hoy terminada la Guerra Fría y los países y la ciencia se ha volcado hacia la Tierra.
Las naves de descenso Viking llevaban verdaderos laboratorios a bordo, destinados a buscar indicios de vida en Marte, incluyendo una pala que extrajo material para su análisis. Aunque aun algunos discuten los resultados, no la encontraron. Demostraron que Marte era un mundo inhóspito, desierto y frío, con una temperatura media de 100 grados Celcius bajo cero. Y al menos su superficie, esterilizada por la radiación UV y el viento solar, que cae sin obstáculos sobre el planeta.
Después de la Viking 1, que transmitió datos hasta el 11 de noviembre de 1982, pasarían 18 años antes que otra nave descendiera exitosamente en Marte, esta vez fue la Mars Path Finder con el simpático robot Soyourner que bajaron rebotando en Marte, el 4 de julio de 1997, la siguió la Mars Global Surveyor que entró en órbita de Marte el 12 de septiembre de ese año. Esta última es una misión armada con los instrumentos sobrantes de la fenecida Mars Observer, y que aun gira alrededor del planeta, enviando las espectaculares imágenes y datos que están enriqueciendo el conocimiento sobre nuestro vecino espacial. (20/07/01)
EL POLVO, UN PELIGRO PARA LOS EXPLORADORES DE MARTE
Una tormenta de polvo en Marte, constituye uno de los mayores peligros para cualquier expedición humana a Marte. El polvo marciano que se encuentra por doquier en ese planeta, disminuyendo en cantidad sólo en los casquetes polares, está formado por partículas de pocos micrones, y es capaz de penetrar las junturas de trajes espaciales y colarse por esclusas y puertas. Es semejante al que los astronautas conocieron en la Luna, y que penetró bajo sus trajes y la ropa interior, para pegárseles en la piel penetrando por los poros. Cuentan que tardaron meses en sacárselo de encima.
Es muy posible que este polvo, contenga silicatos, por lo que al respirarlo los viajeros pueden enfermarse de silicosis, la mortal enfermedad que lleva a una muerte prematura a tantos mineros y trabajadores de la construcción.
Este tipo de tormentas, imprevistas y que pueden prolongarse por meses, ponen varias limitaciones a los exploradores. Éstos deberán conseguir su energía de reactores nucleares, ya que la poca luz solar que llega a Marte es considerablemente bloqueada por el oscurecimiento que produce el polvo. También obligará a los exploradores a buscar refugio bajo el suelo marciano, ya que los habitáculos sobre la superficie quedarán expuestos al viento y al polvo.
Es difícil encontrar un polvo tan fino en la Tierra, donde el agua lo arrastra y disuelve. Es producto del prolongado bombardeo de micrometeoritos en los planetas y objetos terrestres sin atmósferas importantes, como Marte, la Luna, algunos asteroides y posiblemente en Mercurio. (20/07/01)
OBSERVAN DESTELLOS EN MARTE
7 de Junio, 2001: Favorecidos por la extraordinaria proximidad del Planeta Rojo, un grupo de astrónomos aficionados observó ayer, varios destellos luminosos provenientes de la superficie marciana, según una información entregada por Rick Fienberg y Gary Seronik de
Sky & Telescope.
No se trata de señales de posibles habitantes de ese planeta, sino de reflejos de la luz del Sol en la escarcha que cubre algunos lugares de la superficie de este frío planeta. El grupo había sido advertido de la posibilidad de que se repitieran en el Promontorio de Edom, los extraños reflejos observados en 1958. Esta altura está ubicada en la oscura zona del Seno Sabaeus, cercana al ecuador del Planeta Rojo,