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Febrero, 2006 Ciencia@NASA - CA) Aunque todos los astronautas que pisaron el suelo lunar lo
conocieron, fueron los últimos en estar allá quienes se vieron más afectados por este elemento
inesperado: el polvo lunar. Es que los tripulantes de las últimas misiones permanecieron más
tiempo en la superficie lunar y realizaron más caminatas en ese extraño mundo.
Gene Cernan, comandante de la Apolo 17, el último hombre en pisar la Luna quedó cubierto
con el y según contó posteriormente, tardó 2 meses de duchas en sacárselo de encima. El y Jack
Schmitt, un geólogo que fue el único científico que tocó la Luna, permanecieron más de 3 días
en el Valle Taurus-Littrow, en el sector suroriental del Mar de la Serenidad en la Luna.
En diciembre de 1972, los dos aventureros realizaron tres largas caminatas con la ayuda de
un vehículo lunar, recorriendo 30 kilómetros y recolectando 110,5 kilos de rocas lunares en
las 22 horas y 4 minutos que estuvieron fuera del Módulo Lunar. Tiempo suficiente como para
quedar cubiertos por el oscuro polvo de la Luna.
La primera impresión de Cernan es que era "suave como la nieve, pero extrañamente
abrasiva".
Imagen arriba: El traje espacial del geólogo Jack
Schmitt quedó cubierto del fino polvo lunar, luego de tres días de trabajo en la Luna.
Crédito: NASA.
Para el astronauta John Young de la Apolo 16, su sabor "no es nada de malo".
En lo que todos estuvieron de acuerdo, desde Neils Armstrong hasta Cernan, es que "huele
a pólvora quemada".
Cada vez que los exploradores lunares regresaban a su refugio en el módulo lunar, la
llevaban involuntariamente con ellos. Se les pegaba a las botas, piernas y guantes, y no
importaba lo mucho que intentaran sacárselo de encima, cepillándose el traje antes de entrar
en la cabina, algo (y a veces mucho) se colaba al interior.
Una vez adentro, ya sin los cascos ni los guantes, podían sentir el olor y el sabor de la
Luna.
Imagen: El traje espacial del geólogo Jack Schmitt quedó cubierto del fino polvo lunar,
luego de tres días de trabajo en la Luna. Crédito: NASA.
Imagen: El comandante de la Apolo 17, astronauta Gene Cernan, descansa en el módulo
lunar Challenger, después de un largo día de trabajo. Su ropa y cara están cubiertas de polvo
lunar. Crédito: Jack Schmitt/NASA.
Este elemento provocó el primer caso de alergia extraterrestre, cuando el geólogo Jack
Schmitt informó por radio a Huston con su voz congestionada que: "Luego de sacarme el casco
tras la primera salida, me atacó muy rápido una reacción al polvo. Sentí como se me mojaban
las fosas nasales".
Algunas horas más tarde la reacción pasó. "Pero le volvió luego de la segunda y tercera
salida, con menor intensidad. Creo que desarrollé algún tipo de inmunidad al polvo lunar".
Aseguró posteriormente.
Es curioso que el único civil entre los astronautas que descendieron a la Luna haya sido
también el único que informase de esta reacción. ¿No la tuvieron o no lo admitieron?.
Riéndose Schmitt dice que "Los pilotos son reacios a informar de sus enfermedades, temen que
los dejen en tierra". A diferencia de los demás astronautas de las misiones Apolo, era el
único que no era piloto de pruebas. Era un científico y no podía callar lo que le pasaba.
Schmitt afirma que era muy sensible a "Los olores a combustible quemado de Houston y
al humo del cigarrillo, me volvían loco" afirma. Los demás astronautas estaban
acostumbrados, era su ambiente natural.
Charlie Duke, piloto de la Apolo 16 informó por radio desde la Luna: "Es un olor muy fuerte,
tiene el sabor de la pólvora y también huele como la polvora". Durante la próxima misión,
Apolo 17, Gene Cernan resaltó "huele como si alguien hubiera disparado una carabina aquí
adentro".
El grupo de astronautas de Apolo, sabía de que se hablaba cuando se referían a la pólvora
quemada, todos fueron pilotos militares, resalta Schmitt.
Sin embargo el polvo lunar y la pólvora no tienen nada en común. La pólvora sin humo
moderna es una mezcla de nitrocelulosa (C6H8(NO2)2O5) y nitroglicerina (C3H5N3O9). Son
moléculas inflamables orgánicas "que no se encuentran en el suelo lunar", afirma Gary Lofgren
del Laboratorio de Muestras Lunares del Centro Espacial Johnson de la NASA. Si acerca un
fósforo encendido a un poco de polvo lunar no se enciende ni explota.
El polvo lunar esta formado de una mitad de vidrio de dióxido de silicato creado por los
impactos de micrometeoritos en la Luna. Estos impactos, que han estado ocurriendo desde hace
miles de millones de años, funden el suelo en vidrio y al mismo tiempo lo fragmentan en
pequeñísimos trozos. El polvo lunar es también rico en hierro, calcio y magnesio asociado en
minerales como olivina y piroxina. No se parece en nada a la pólvora.
¿Y porqué ese olor? Nadie sabe.
Curiosamente, aquí en la Tierra el polvo lunar no tiene olor. En el laboratorio de Lofgren
hay decenas de kilos de polvo lunar, y el lo ha tocado y olido sin encontrar ningún olor.
iquest;Acaso los tripulantes de la Apolo lo imaginaron?
Difícil, era gente muy entrenada y todos dijeron lo mismo. Es posible que el polvo lunar
reaccionara con la humedad y la atmósfera rica en oxígeno del módulo lunar, tomando contacto
con dos elementos completamente inexistentes en los lugares donde bajaron.
Posteriormente el polvo traído tomó contacto con éstos elementos en la cabina del módulo de
comando durante el transporte hacia la Tierra, con lo que el polvo perdió algunas de sus
características y cualquier reacción química olfatoria desapareció hace mucho.
Esto no debiera haber ocurrido, ya que los exploradores lunares envasaron el polvo lunar en
termos especiales llevados para este efecto, capaces de mantener las muestras en el vacío. Sin
embargo los bordes filosos de los granos de polvo limaron y rompieron inesperadamente los
sellos de los contenedores permitiendo que el oxígeno y la humedad penetrara durante los tres
días que duró el viaje de regreso.
Mientras no se regrese a la Luna y se tomen nuevas muestras, nadie sabrá realmente cómo huele el polvo lunar.
En todo caso Será una dificultad que los próximos planificadores de la NASA, o de otras
agencias espaciales que deseen regresar a la Luna deberán tomar en cuenta. Este polvo es tan
fino que puede penetrar dentro de los trajes espaciales a través de sus junturas y una vez
adentro penetrar en los poros y los pulmones de los exploradores lunares, provocando no solo
malestares pasajeros, sino otros mayores como la silicosis o la intoxicación con metales
pesados.
La NASA, que ha retomado su camino de exploración, tiene planes para enviar gente a la Luna
el año 2018. Permanecerán por mayor tiempo que los astronautas de las misiones Apolo. Serán
ellos quienes tendrán el encargo de resolver el misterio.
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