AL BORDE DEL ESPACIO
Las actuales misiones espaciales tripuladas deben por el momento conformarse con orbitar la Tierra a baja altura, nunca más arriba de los 450 kilómetros sobre el suelo. Es que hasta allí alcanza la protección que dan los campos magnéticos de la Tierra, contra la lluvia de partículas subatómicas que el Sol reparte por el Sistema Solar (radioactividad solar). Aun así, los astronáutas reciben una dosis de radioactividad más alta que los terrícolas que permanecemos en la superficie, proteguidos además por la atmósfera.
El viento solar es más intenso durante las erupciones solares, que pueden ser advertidas con anticipación a los astronautas en el espacio.
Esta radiación es de tipo ionizante, ya que las partículas solares que llegan con una altísima velocidad, pueden chocar con los átomos que componen nuestro cuerpo y quitarles electrónes cargándolos electricamente, lo que a la larga puede inducir leucemia.
Las paredes metálicas de las naves no son suficientes para detener todas las partículas solares.
Otro problema semejante lo dan los rayos cósmicos, protones y electrones generados, aparentemente en supernovas, que llegan hasta la tierra con la energía equivalente a la de una piedra de buen tamaño lanzada por un hombre adulto. No alcanzan a llegar a la superficie debido a que chocan con las moléculas de aire de la atmósfera, descomponiéndose. Sin embargo a la altura donde orbita la EEI, la atmósfera es insignificante y no presta ninguna protección.
Franklin Chiang Díaz relató en una entrevista para Círculo Astronómico, que cuando viaja a la órbita en el transbordador espacial, despierta al menos tres veces por noche debido a potentes fogonazos, producidos por partículas solares o rayos cósmicos, que chocan contra su nervio óptico.
Como el agua y los alimentos orgánicos son un buen escudo contra las partículas solares, se ha propuesto que en las naves interplanetarias, se almacenen estos elementos formando un refugio en el centro de la nave, donde puedan acudir los astronautas durante las tormentas solares. Esta protección no sirve para los rayos cósmicos.
(J. Ianiszewski)
HUESOS DEBILITADOS
El debilitamiento de los huesos producido por la pérdida progresiva de la masa ósea es uno de los efectos más graves de las largas estadías en la órbita. Estudios realizados en cosmonautas y
astronautas (orbitonautas) que vivieron varios meses en la estación Mir, revelaron que
pueden perder del 1 al 2 por ciento de su masa
ósea total por mes -- un problema que los médicos no saben aún como
prevenir. "La magnitud de estas [pérdidas] ha llevado a la NASA a
considerar la pérdida de masa ósea como un riesgo inherente a
los vuelos espaciales (orbitales) de larga duración", dice el Dr. Jay Shapiro,
líder del equipo que estudia los problemas relacionados con los huesos en
el Instituto Nacional de Investigación Biomédica Espacial National
Space Biomedical Research Institute).
Los orbitonautas experimentan pérdidas en
los huesos de la parte media baja del cuerpo, particularmente en las
vértebras lumbares y en los huesos de las piernas. La disminución de la
masa ósea también produce un incremento en los niveles de calcio en la
sangre, el cual aumenta el riesgo de cálculos en los riñones.
Los investigadores sospechan que la causa principal del debilitamiento
de los huesos en el espacio es la ausencia de peso.

De hecho, el tirón de la gravedad a 350 kilómetros de altura -- donde la estación espacial y
los trasbordadores espaciales tienen su órbita -- es el 90% de la que sentimos sobre la superficie de nuestro planeta. ¡Lo que no es mucha
"ingravidez!" Sin embargo, los astronautas que se encuentran en órbita
sienten la ausencia de la gravedad porque ellos, junto con su nave, están
descendiendo en caída libre hacia la Tierra. (La estación espacial
no termina estrellándose contra el suelo porque se mueve
hacia adelante a una velocidad tan alta --unos 28.000 kilómetros por hora
-- que su trayectoria coincide con la curvatura de la Tierra. Es decir,
que literalmente cae alrededor del planeta). Y de la misma manera
en que la gravedad parece estar ausente para una persona que está en un elevador que cae (con una
aceleración constante) la tripulación de la estación espacial también
experimenta esta "sensación de gravedad cero".
Durante esta caída libre conjunta, los huesos no
necesitan proporcionar el soporte necesario durante los movimientos o ni
siquiera para mantener la postura. Como resultado, la tensión que
usualmente se aplica a los huesos (la tensión mecánica) es muy
pequeña o nula. Los científicos piensan que la falta de tensión en los
huesos puede ser la causa de la pérdida progresiva de la masa ósea que
afecta a las personas que pasan mucho tiempo en el espacio. (Esta ausencia
de tensión presente en algunos terrícolas sedentarios, como los confinados
a estar en cama por una enfermedad o por su edad avanzada, también
contribuye a la generación de la osteoporosis).
La gente piensa que los huesos son columnas rígidas de calcio que no
sufren ningún cambio. Pero los huesos son en realidad tejidos dinámicos,
que constantemente sufren modificaciones en respuesta a las tensiones
aplicadas sobre ellos. (Ésto permite a los arqueólogos, por ejemplo,
determinar si un grupo de restos óseos pertenecieron a un trabajador ó a
un aristócrata. La tensión permanente generada por los músculos en el
trabajador, obliga a sus huesos a producir cambios en el región
donde los músculos se insertan).
Esta reestructuración de los
huesos es llevada a cabo por dos tipos de células óseas que
permanentemente depositan y remueven minerales de fosfato de calcio de la
matriz estructural del hueso. La acción de estos dos tipos de células --
los osteoblastos que depositan fosfato de calcio, y los
osteoclastos que lo remueven -- normalmente se encuentra
balanceada. Cuando existe una deficiencia de calcio en el cuerpo, o cuando
se sufre de una osteoporosis patológica, la remoción de los cristales de
fosfato de calcio es más rápida que el reemplazo, lo que produce el
debilitamiento de los huesos.
Durante períodos prolongados de falta de peso en la caída libre orbital, la masa ósea parece
disminuir debido a que la ausencia de tensiones sobre los huesos detiene
la formación de osteoblastos. La presencia de menos células restauradoras
en los huesos, junto con el nivel constante de actividades que tienden a
destruir el hueso, traen como consecuencia una pérdida neta de masa ósea.
La razón por la cual la falta de peso inhibiría el desarrollo de los
osteoblastos es el tema de un proyecto de investigación que se está llevando
a cabo actualmente en la Universidad de Vanderbilt. Una molécula clave en el desarrollo de los osteoblastos es la
enzima creatina kinasa-B. Los investigadores están tratando de
encontrar las moléculas que regulan la actividad de esta enzima en el
cuerpo y cuáles de esos químicos son afectados por la ausencia de
peso, con la esperanza de que esta información permita encontrar
una manera de estimular la producción de osteoblastos en el espacio.
Otro estudio realizado en el Colegio de Medicina de Georgia (Medical
College of Georgia) está investigando una posible conexión entre el comer
y la destrucción de la masa ósea. La ingestión de alimentos produce un
incremento en los niveles de una hormona -- llamada péptido
insulinotrópico dependiente de glucosa -- en la sangre. La función
principal de esta hormona es estimular la producción de insulina después
de una comida, la cual a su vez induce a las células a absorber la glucosa
que se encuentra en la sangre.
Las células de los huesos también son sensibles a esta hormona. Los
científicos han encontrado que cuando esta hormona se une a una molécula
receptora presente en las células del hueso, la actividad de los
osteoclastos (las células destructuras de hueso) disminuye, mientras que
la de los osteoblastos (las células productoras de hueso) se incrementa.
¿Será posible dar a los astronautas un
suplemento de esta hormona para prevenir la degradación de los huesos? Los
científicos todavía no lo saben.
La estructura genética también podría ser importante, como lo sugieren
los distintos grados de pérdida de hueso observados en varios orbitonautas.
"Se estima que la pérdida mensual promedio de masa ósea es de uno a dos
por ciento", dice Shapiro. "Ciertas personas han perdido hasta un 20 por
ciento de la masa ósea correspondiente a la parte inferior de su
cuerpo durante viajes de seis meses de duración, mientras que otros
no han sufrido ninguna pérdida durante todo este tiempo".
"Las pérdidas de hueso de esta magnitud aumentan significativamente la
frecuencia de fracturas, la cual puede ser hasta cinco veces mayor que la
esperada en huesos normales aquí en la Tierra", agrega Shapiro. "Una
fractura de extremidades, por ejemplo, que involucre a uno de cada seis
miembros de una tripulación en el espacio, podría poner en peligro
los objetivos de la misión".
De hecho, agrega Shapiro, "el problema de la pérdida de la masa ósea
debe ser resuelto antes de que la gente realice tareas físicas que
pudieran ser peligrosas [después de un largo viaje sin peso]". Los
astronautas del futuro que visiten a Marte, por ejemplo, necesitarán
huesos fuertes y saludables cuando salgan de la nave hacia el Planeta
Rojo.
Adaptado de un artículo de Ciencia@NASA